Cada obra de Elizabeth Aro posee una fuerte objetualidad que el tenue color tensa, expande y dinamiza, convirtiéndola en materia cromática, modificando la percepción del volumen, conduciendo la atención desde la estructura a la superficie... Los elementos de sus obras nos remiten continuamente a la arquitectura, que configuran lugares para la habitabilidad pero a la vez la niegan. Resultan impracticables por su tamaño o su sentido, se convierten en exploraciones del espacio y se alimentan en el camino de experiencia y de interrogaciones. Espacios intimistas y reflexivos.
Su obra se impregna de una dimensión introspectiva,
poética y narrativa. Mezclando lo trascendente y lo cotidiano logra
activar y modificar la percepción más allá de la visión,
como si sus obras poseyesen una peculiar elasticidad física y emocional
y fuesen capaces de llevar lo real al terreno de lo imaginario.
Lugares sin dueño y sin nombre, procesos de conocimiento. Casa del
ser y de la experiencia.
Alicia Murría
