Las sucesivas series fotográficas que he realizado desde comienzos de los años ochenta no son más que un testimonio de mi particular batalla contra la dirección en que “lo fotográfico” se ha movido: rapidez y oportunidad, para mostar lo lejano, lo marginal, lo peligroso, lo “exótico” en su “momento culminante”.
Propongo la fotografía como acumulación de tiempo en un fotograma. Lo ordinario, lo cotidiano, lo banal, lo que desfila mansamente ante los ojos cada día, como tema. Años después de realizadas, cuando miro mis imágenes, me parecen el testimonio de una batalla perdida, pero considerarme a mí mismo como perdedor no me produce ningún disgusto. A pesar del magnetismo que poseen los actuales equipos fotográficos, me sigue apeteciendo mucho caminar en dirección contraria. Para buscar inútilmente una imagen lenta y próxima, para buscar un rincón y una hora perdidas.

Carlos Cánovas

Carlos Cánovas
Hellín, Albacete, 1951.

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