La obra de Julián Gil es un compendio de lo que ha
supuesto el arte constructivo y geométrico en el siglo xx. Pero en
ningún caso debe entenderse su obra como el resultado de un estudio
histórico, de un bagaje cultural. Gil ha sabido crear su propia posición
constructiva bien diferenciada de la de los demás geométricos,
en la que una de sus constantes es la simplicidad.
Para él el color no es la imagen idealizada y óptica de los
objetos, su impresión exterior no es superficial y desde luego su presencia
es pretendida y por tanto participa del contenido interno de los cuerpos.
En sus composiciones, donde dominan el ahorro de medios, el uso de las proporciones
matemáticas y el trabajo serial, el color ejerce una reacción
directa sobre la mirada y la mente. La pintura actual de Gil trabaja sobre
la ruptura de planos, de paleta amplia y plana, donde gusta de explorar las
múltiples posibilidades de los planos oblicuos que se encuentran. Sus
obras como primeros planos sugieren un campo imaginario que se extiende más
allá de los límites del cuadro. En esto se diferencia absolutamente
de todos los demás geométricos. Las medidas, los resultados
matemáticos escapan a los márgenes de un espacio acotado y entonces
la mente aún puede soñar.
Fernando Francés
