Resultaría muy difícil entender el arte navarro
de los últimos 30 años sin la figura de Xabier Morrás
y sin su obra pictórica. En los años 70 Morrás fue el
director de la sala de Cultura de la CAN, un espacio emblemático que
abrió el arte local a las vanguardias. Morrás había estado
becado en Londres y Nueva York, ciudades que marcaron su trabajo con la misma
intensidad con la que lo marcó la vuelta a su entorno rural de Navarra.
Su pintura de entonces hablaba un lenguaje diferente, hablaba de modernidad,
un termino que se movía entre el pop y el expresionismo y que miraba
de frente hacia la realidad. El cuadro N.Y. 42th Street refleja como sus inquietudes
se debatían entre la ciudad y los conflictos mundiales. Era una pintura
realista, testimonial, de denuncia social en la que casi fotografiaba como
un testigo inquieto aquello que le atormentaba. Sus obras, con una gran carga
dramática, tienen fuerza e impactan al espectador que no sabe muy bien
qué es la realidad y que es el cuadro, qué es lo retratado y
lo pintado, porque Morrás convierte en uno ambos soportes, las dos
maneras de mirar lo que le rodea, fiel siempre al realismo crítico
de toda su pintura.
Alicia Ezker

