


El hombre, que como decía Foucault, es un desgarrón
en la naturaleza, está ingeniando constantemente artilugios técnicos
que conducen a la desertización del planeta. Cada año regiones
más amplias se desertizan como consecuencia de una explotación
incontrolada y la estéril arena va invadiendo inexorablemente nuevos
territorios. Esta realidad que acontece en el mundo físico tiene su
parangón en el otro hábitat del hombre, en el mundo cultural.
Una tecnología incontrolada, entre la que se encontraría el
televisor y el microondas, está devastando el gusto de las gentes y
acabando con la cultura. Sucede que las palabras "cultura" y "cultivo"
tienen la misma raíz gramatical y un común denominador: el hecho
de que ambas necesitan de los mimos del cultivador y de riego constante para
crecer.
El arte es una de las piezas fundamentales en el sistema de la cultura, lo
es no sólo por resumir de forma simbólica los logros y las aspiraciones
del hombre en cada momento y lugar determinado sino porque a través
de él, como expone Heidegger, el hombre puede interrogarse sobre sí
mismo e interpretar cómo es.
Vivimos momentos de sequía. La recesión económica producida
por el incontrolado crecimiento de la producción de artefactos de consumo
trae como consecuencia el abandono del necesario riesgo económico que
la cultura precisa para su desarrollo y, como consecuencia, aparece la desertización.
No obstante, es ahora cuando más necesitamos de la
cultura y el arte como herramientas que nos devuelvan la dignidad y nos recuerden
quienes somos. Por eso hay que complacerse por la decisión que ha tomado
el Ayuntamiento de Pamplona al comenzar, en tan críticos momentos,
una "colección" de pintura contemporánea, porque ella,
sin duda, ayudará a combatir la desertización cultural.
El afán de coleccionar objetos artísticos
no es nuevo se encuentra unido a los orígenes de la obra de arte, es
decir, a los orígenes de nuestra cultura, lo que sí es novedoso
es el afán y la necesidad de crear colecciones de arte con proyección
pública. Esta es una idea que tiene unos orígenes concretos
y determinados ya que se debe a la Ilustración. El primer museo, el
Fridericianum de Kassel, se fundó en 1769 dentro del proyecto ilustrado
de iluminar la razón y el conocimiento del hombre para hacerle salir
de su estado infantil. No es, por lo tanto, extraño que el célebre
museo del Louvre de París abriera sus puertas por primera vez en 1792,
tras la revolución que pretendía liberar al hombre. El objetivo
de este museo era dar a conocer los objetos artísticos que la extinta
monarquía había atesorado para su disfrute particular haciéndolos
públicos para la educación de todos los ciudadanos.