En este desarrollo, la colección ha ido tomando sus decisiones, asumiendo sus responsabilidades, adquiriendo su propia personalidad, creyéndose su necesidad y, sobre todo estableciendo sus criterios para seguir creciendo, algo que es inherente a una colección de arte actual, su voluntad y su capacidad de crecer.
Como todo lo que está haciéndose, la colección tiene sus virtudes y sus defectos; en ella conviven obras emocionantes, cargadas de tensión artística, obras que ya se han revalorizado significativamente, algunas en lo estético otras en lo económico, junto a otras cuyo valor quedará en haber sido testigos de un tiempo para el arte.
Entre sus virtudes, las obras que hoy presentamos; el rigor científico, la pasión por el arte y la libertad con que se está trabajando. Entre sus defectos, pronto a resolver, la necesidad de ser mostrada y las todavía lagunas importantes que ofrece, sobre todo en el ámbito local.
Consciente de ello, la política de adquisiciones del Ayuntamiento de Pamplona, que como ya hemos referido adopta diversas vertientes, para crecer deberá estar siempre en proceso de reflexión y crítica, dispuesta a crecer en cantidad pero sobre todo en calidad, atenta para cubrir sus carencias y para no caer en esa “homogeneización del gusto” que puede afectar a las colecciones institucionales y que se expresa en colecciones “clónicas”.

APUNTES PARA UNA COLECCIÓN
Javier Manzanos
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Si debemos destacar alguna de las características que pueden definir a la colección, éstas serían la actualidad y la pluralidad de las obras que la integran, tanto en técnicas y lenguajes como en propuestas estéticas y formales.
Su actualidad carece de la pátina y el reconocimiento que el tiempo va depositando sobre las obras de arte, pero, por el contrario, aporta una frescura difícil de separar de la sensación de vértigo, de riesgo, en unos objetos que por estar todavía vivos no han alcanzado la condición de “fetiche” cultural, que respiran y transmiten las dificultades de algo que está viviendo con nosotros, algo que implica una importante razón para que sean coleccionados, en palabras de María Corral, “no como una crónica sino convencidos de que el arte prevé, pronostica y refleja el mundo en que vivimos.”
Su pluralidad, inherente a su condición de actual, nos habla de un momento de creación efervescente, de caminos experimentales, de intentos y de aciertos, de amplitud y diversidad de propuestas, tanto en los lenguajes como en sus contenidos, algo que, a pesar del peligro que pude encerrar el “todo vale” en un período de eclecticismo característico de este final de siglo, constata una gran riqueza plástica.
Esta actualidad y pluralidad de manifestaciones si, por un lado, debido a su papel de vanguardia complica el establecimiento de un modelo de coleccionismo público,