La estética japonesa siempre me ha resultado
hermosísima.
La concisión en el dibujo, esa aparente ligereza que se sustenta en
una maestría que no necesita hacerse notar. La nitidez de los trazos,
la geometría casi etérea de sus casas tradicionales y la precisión
de sus gestos me han resultado siempre fascinantes.
La arquitectura y como integran en ella jardines perfectamente delimitados
me parece poesía visual.
Por otra parte al pintar Pamplona, me he empeñado en mirar la ciudad
nueva que en general preferimos para vivir, aunque a veces la consideremos,
no sin razones, más deshumanizada.
Era este un cuadro que llevaba tiempo queriendo hacer porque creo que es una
zona que ha adquirido gran personalidad. Cuando terminaron el jardín
japonés, la imagen sencillamente se me vino encima.
Pedro Salaberri

