Frente a los términos de escultora o instaladora, Dora Salazar se define como una constructora de objetos para un espacio; "Yo siempre he tenido la sensación del espacio como una ficción donde colocas unas piezas y lo cambias."
El método de creación es aditivo y de aproximación al objeto. Recoge todo tipo de objetos, sobre todo metálicos, "que no me pertenecen y que me cuentan cosas", con los que establece esa estrecha y difícil relación de diálogos y disputas, que prolonga al dibujar-reflexionar en la misma escala, mientras trabaja en la construcción, ensamblando piezas como si de un "mecano" se tratara, de una obra cuyo final nunca está predeterminado.
Su “Zapato” incide en el componente femenino y feminista de su obra. Aquí ese elemento de moda ligado a la sensualidad femenina, se convierte, como en sus series de “corsés”, en un artefacto de opresión, cárcel metálica alienadora de la mujer, al modo de los cinturones de castidad medievales.
La ironía, la mordacidad, el juego de lo que se oculta y lo que se muestra, confluyen en esta personal visión de la moda femenina como inventora de instrumentos de tortura, expresada en la propia apariencia agresiva que le confiere su aspecto de coraza.

Javier Manzanos

Dora Salazar
Alsasua, 1963