Un diálogo entre orden y azar , horadado por un dibujo que separa la materia, surcos que marcan los campos pictóricos de una geografía inmensa que la intuición de la geometría acota. La división de su superficie se efectúa ocupando ésta con rectángulos numerados desde su diedro superior derecho, y a modo de laberinto penetran en el interior hacia el centro. Los números se alejan . El objeto es uno y la obra fragmentada. A vista de pájaro (volar - imaginar), la cartografía de un terreno bidimensional, una superficie alegórica. Pintar a la altura de la mirada, punto de vista del orden, redes infinitas de líneas sobre la materia - color del lienzo, cuadros sobre cuadros. Del blanco al marfil algo se solidifica (se osifica) entre la tela y el aire.
Todo tiende a la ortogonalidad para iluminar, llenar de luz la agobiante zozobra de la dimensión. Descubrir en la distancia la inexistencia de la estructura del Universo que se pretende, sí la estructura (analógica, digital, etc.) fabricada.

Angel Arbe

Fernando Sánchez Calderón
Valladolid, 1951