Un diálogo entre orden y azar , horadado por
un dibujo que separa la materia, surcos que marcan los campos pictóricos
de una geografía inmensa que la intuición de la geometría
acota. La división de su superficie se efectúa ocupando ésta
con rectángulos numerados desde su diedro superior derecho, y a modo
de laberinto penetran en el interior hacia el centro. Los números se
alejan . El objeto es uno y la obra fragmentada. A vista de pájaro
(volar - imaginar), la cartografía de un terreno bidimensional, una
superficie alegórica. Pintar a la altura de la mirada, punto de vista
del orden, redes infinitas de líneas sobre la materia - color del lienzo,
cuadros sobre cuadros. Del blanco al marfil algo se solidifica (se osifica)
entre la tela y el aire.
Todo tiende a la ortogonalidad para iluminar, llenar de luz la agobiante zozobra
de la dimensión. Descubrir en la distancia la inexistencia de la estructura
del Universo que se pretende, sí la estructura (analógica, digital,
etc.) fabricada.
Angel Arbe

