Silencio, tensión, fragilidad, aparente simplicidad, dibujo, vacío, música, sonido todo está en el interior del arco que traza esta vara de fresno arqueada sujeta a una piedra por un entramado de hierros y alambres. Un exterior demasiado sencillo para la complejidad que encierra.
Esta obra de Schlosser no es un trabajo aislado en su trayectoria sino una más de las muchas que él ha creado en referencia a un símbolo.T’ai (la paz) es un hexagrama chino igual que otros de sus trabajos como “Chug Fu” (la verdad) y próximo a obras como “El Cielo sobre la tierra” o “La rosa de los vientos”. A través de materiales naturales consigue crear imágenes poéticas y evocadoras que encierran en su aparente simplicidad una gran tensión escénica capaz de llenarlo todo con la ausencia más que con la presencia de la materia.
Las esculturas de Schlosser parecen robadas a la propia naturaleza y tal vez por eso encierran una manera de entender el mundo en armonía con ella y de mirar la realidad con una tranquila intensidad. Su obra parece dibujar en el espacio una forma estable y frágil, con una leve insinuación de movimiento. Pero, sobre todo, evoca el silencio, por eso su trabajo nos transporta al mundo interior, a ese espacio en el que se impone la fuerza de la idea, en el que no cuenta lo visible y en el que el tiempo parece no influir porque pasa de largo.

Alicia Ezker

Adolfo Schlosser
Leitersdorf, Austria, 1939