Por
el centro se deja paso libre a los toros, a los que tiran los cabestros y
a los que conducen los dobladores. Al alcanzar la plaza, los mozos deben retirarse
a ambos lados de la carrera y formar un estético abanico. Son los dobladores
quienes se encargan de llevar a punta de capote al toro, para dar por finalizado
el encierro, con el sonido del último cohete de la mañana.